El sábado pasado fui al Ikea y, a falta de una foto mejor, solo puedo poner la de la entrada del párking.
Por 30€ escasos, me compré una barra para colgar la ropa, estanterías para colgar de ella, un kit de herramientas, una sartén, una manta y unas perchas.
Me pasé allí un día entero. Comí allí y todo. Es increíble la cantidad de cosas que pueden vender en semejante pabellón y cómo, al final, consiguen que tú las veas.
El problema es que es un vicio y ahora tengo que volver porque se me quedaron cosas en el tintero... que no tenía pensado comprar, pero que finalmente sí que compraré :-D. Llámalo "la era del consumismo".
miércoles, 7 de octubre de 2009
martes, 6 de octubre de 2009
Ya llegó el otoño
Hace días ya que no me puedo permitir el lujo de andar en manga corta. Pero estas últimas jornadas, no he podido dejar la cazadora en casa.
Las hojas de los árboles ya empiezan a caerse, hace viento a cada rato y ya no vuelan tantos pájaros.
Aunque los días se han hecho también más cortos (a las 19:00h ya es de noche), también se pueden disfrutar puestas de sol.
Claro que tampoco hace demasiado sol, que se diga. Aunque la lluvia no amilana a los súper-planificados holandeses y siguen pedaleando... aunque tengan que recrear el cuento de Caperucita Roja.
Las hojas de los árboles ya empiezan a caerse, hace viento a cada rato y ya no vuelan tantos pájaros.
Aunque los días se han hecho también más cortos (a las 19:00h ya es de noche), también se pueden disfrutar puestas de sol.
Claro que tampoco hace demasiado sol, que se diga. Aunque la lluvia no amilana a los súper-planificados holandeses y siguen pedaleando... aunque tengan que recrear el cuento de Caperucita Roja.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Día de playa...
... o casi. Porque ha hecho un sol del copón durante el fin de semana. Y yo estaba un poco impaciente de conocer las playas holandesas (bueno, o al menos alguna de ellas). Así que me pillé 2 metros y un bus y, en algo menos de 2 horas, estaba yo en la IJmuiden en Zee.
Si no fuera porque hacía un frío de cuando el grajo vuela bajo, hasta me hubiera animado a disfrutar de la playa al estilo tradicional (tomar el sol, darme un bañito...).













Pero me conformé con ir hasta allí, tocar la arena y el mar, para después sentarme en una terraza (llamarlos chiringuitos sería devaluarlos) a disfrutar de un trozo de tarta de manzana y un café... a un precio sorprendentemente económico.
Lo más sorprendente, si cabe, es que cuando llegas a la playa te recibe el siguiente cartel:
Efectivamente, hay un museo de búnkeres antes de llegar a las dunas. ¡Alucinante!
Si no fuera porque hacía un frío de cuando el grajo vuela bajo, hasta me hubiera animado a disfrutar de la playa al estilo tradicional (tomar el sol, darme un bañito...).
Pero me conformé con ir hasta allí, tocar la arena y el mar, para después sentarme en una terraza (llamarlos chiringuitos sería devaluarlos) a disfrutar de un trozo de tarta de manzana y un café... a un precio sorprendentemente económico.
Efectivamente, hay un museo de búnkeres antes de llegar a las dunas. ¡Alucinante!
martes, 29 de septiembre de 2009
Tiendas especiales
Muchas veces, he de decir que me cuesta saber dónde debo ir a comprar ciertas cosas. Por ejemplo, no me resultó fácil encontrar un lugar en el que comprar un cortaúñas. Sin embargo, el sábado comprobé que en Ámsterdam hay tiendas de todo tipo, a cual más curiosa. Concretamente, al rededor del mercado de flores encontré algunas muy peculiares:
Una tienda de bombillas
Una tienda de mosquiteras y hamacas
Una tienda de artículos de Navidad
Y bueno, si te sales un poco de la ciudad y vas hasta IJmuiden, también puedes encontrarte una tienda de artículos militares
Una tienda de bombillas
Una tienda de mosquiteras y hamacas
Una tienda de artículos de Navidad
Y bueno, si te sales un poco de la ciudad y vas hasta IJmuiden, también puedes encontrarte una tienda de artículos militares
domingo, 27 de septiembre de 2009
Tarde en Ámsterdam
Ayer hizo un día estupendo y me fui a pasar la tarde a Ámsterdam.
Como no llevé mapa, no tengo muy claro por dónde anduve todo el tiempo, pero lo puedo resumir en los siguientes puntos de control (para el aficionado a los videojuegos de coches, checkpoints): Museumplein, Leidseplen, Spui, Waterlooplein, Rembrandtplein, Stadion.
Lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de gente que había en todas partes. No es que todo estuviera lleno ni nada por el estilo, pero sí que había vida por todas partes; más que en julio o agosto. En la plaza de Spui me senté a tomar un café en una terraza. Allí había artistas de todo tipo: acróbatas, guitarristas... y creo que a mi lado había una escritora francesa firmando libros (el grupo hablaba francés y una mujer firmaba los libros que la gente sacaba de la librería de enfrente).
Además, aquí en vez de el Cow Parade, tenemos el Elephant Parade. Puedes ver 3 de los elefantes en la foto anterior. Pero, además, ves uno de cerca en la foto que acompaña este párrafo.
Después, caminando hacia el centro, por todas partes oía a la gente hablar francés. Ya me estaba imaginando esta entrada titulada algo así como "la tarde en que Ámsterdam fue tomada por franceses". Pero finalmente tengo que decir que los españoles ocupaban la otra mitad. O tal vez fue que al atardecer, el resto de europeos se van ya a dormir. Sobre todo por Rembrandplein lo único que oía hablar era castellano. ¡Incluso a los vendedores de las tiendas de souvenirs! Y aunque suene a tópico, en todas partes encontré gallegos. Ya empieza a no sorprenderme oír a Carme gritar a Manolo que se acerque, que ya encontró lo que buscaban.
Finalmente, creo que el tema de las obras es algo ya habitual en todas las ciudades. A nadie le sorprende que haya calles levantadas una y otra vez para pasar el gas, el agua, el teléfono, el cable o cambiar las aceras. Sin embargo, aquí en Ámsterdam tienen algo diferente que pueden hacer: ensanchar las calles. Para ello solo tienen que poner una pared por aquí, desviar el canal por allá... y listo. Y para muestra, la foto de la derecha.
Como no llevé mapa, no tengo muy claro por dónde anduve todo el tiempo, pero lo puedo resumir en los siguientes puntos de control (para el aficionado a los videojuegos de coches, checkpoints): Museumplein, Leidseplen, Spui, Waterlooplein, Rembrandtplein, Stadion.
Lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de gente que había en todas partes. No es que todo estuviera lleno ni nada por el estilo, pero sí que había vida por todas partes; más que en julio o agosto. En la plaza de Spui me senté a tomar un café en una terraza. Allí había artistas de todo tipo: acróbatas, guitarristas... y creo que a mi lado había una escritora francesa firmando libros (el grupo hablaba francés y una mujer firmaba los libros que la gente sacaba de la librería de enfrente).
Además, aquí en vez de el Cow Parade, tenemos el Elephant Parade. Puedes ver 3 de los elefantes en la foto anterior. Pero, además, ves uno de cerca en la foto que acompaña este párrafo.
Después, caminando hacia el centro, por todas partes oía a la gente hablar francés. Ya me estaba imaginando esta entrada titulada algo así como "la tarde en que Ámsterdam fue tomada por franceses". Pero finalmente tengo que decir que los españoles ocupaban la otra mitad. O tal vez fue que al atardecer, el resto de europeos se van ya a dormir. Sobre todo por Rembrandplein lo único que oía hablar era castellano. ¡Incluso a los vendedores de las tiendas de souvenirs! Y aunque suene a tópico, en todas partes encontré gallegos. Ya empieza a no sorprenderme oír a Carme gritar a Manolo que se acerque, que ya encontró lo que buscaban.
Finalmente, creo que el tema de las obras es algo ya habitual en todas las ciudades. A nadie le sorprende que haya calles levantadas una y otra vez para pasar el gas, el agua, el teléfono, el cable o cambiar las aceras. Sin embargo, aquí en Ámsterdam tienen algo diferente que pueden hacer: ensanchar las calles. Para ello solo tienen que poner una pared por aquí, desviar el canal por allá... y listo. Y para muestra, la foto de la derecha.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Concierto en la Vía Láctea
O lo que es lo mismo, un grupo de música minimalista haciendo su música en directo en un edificio que se llama Melkweg (o Vía Láctea). No en vano, el antedicho edificio, originalmente, era una fábrica de productos lácteos... o eso me dijeron.
El caso es que, a golpe de martes, me fui de fiesta al corazón de Ámsterdam, cerca de Leidseplein. Los locales son libres de humo (solo se permite el humo que echan para el espectáculo) y eso se nota mucho. El pelo, la ropa... ¡nada huele a humo cuando vuelves a casa ni a la mañana siguiente cuando te despiertas!
El grupo que actuaba se llama The Orb y produjo sonidos interesantes (no me atrevería a llamarlo música) y me lo pasé bien.
Entre otras cosas que me llamaron la atención, destaco:
Antes del concierto cenamos en un restaurante italiano. Me pareció que la comida era bastante artesanal y probablemente vuelva. Después del concierto fuimos a una cervecería donde me tomé una Piña Colada que el camarero hizo de manera muy artesanal y probablemente vuelva por allí también.
El caso es que, a golpe de martes, me fui de fiesta al corazón de Ámsterdam, cerca de Leidseplein. Los locales son libres de humo (solo se permite el humo que echan para el espectáculo) y eso se nota mucho. El pelo, la ropa... ¡nada huele a humo cuando vuelves a casa ni a la mañana siguiente cuando te despiertas!
El grupo que actuaba se llama The Orb y produjo sonidos interesantes (no me atrevería a llamarlo música) y me lo pasé bien.
Entre otras cosas que me llamaron la atención, destaco:
- Empezó a las 21:00h y acabó a las 23:00h
- los vasos son de plástico duro, de usar y tirar (espero)
- la cerveza no la sirven en esos vasos de plástico, sino en otros de cristal
- les pasan un agua a los vasos para refrescarlos
- me llevé uno de los vasos de plástico, y esto empieza a hacerme sospechar si padezco de cleptomanía
Antes del concierto cenamos en un restaurante italiano. Me pareció que la comida era bastante artesanal y probablemente vuelva. Después del concierto fuimos a una cervecería donde me tomé una Piña Colada que el camarero hizo de manera muy artesanal y probablemente vuelva por allí también.
sábado, 19 de septiembre de 2009
Hasta pronto
Hoy es el último día que paso en casa durante esta visita, antes de volver a Ámsterdam. Hoy quiero hacer una entrada diferente, especial, dedicada a vosotros, a los que me seguís, a los que os acordáis de mí; a quienes disfrutáis de mi compañía y me hacéis disfrutar a mí de la vuestra. Quiero daros las gracias a todos los que habéis compartido tiempo conmigo durante esta semana. Por eso cambio el tono de esta entrada y la dirijo a "vosotros", en vez de a "ti", como es habitual.
Sé que cuando me marché, hace casi 3 meses, fue todo muy brusco y algunos os enterasteis cuando ya no estaba aquí. Varias veces me habéis reprochado que os avisé cuando ya era tarde. Espero que sepáis entender que no tuve más opciones. A algunos os lo he podido explicar esta vez con más calma. De muchos, aún, no me he podido despedir en persona, pero no descarto que nos encontremos aquí o allá en cualquier momento. Sabed que, desde ya, os echo de menos.
Esta semana ha sido intensa y muchos encuentros han sabido a poco, pero al menos os he podido decir adiós. Esta semana ha sido una especie de punto y aparte. Desde ahora ya siento que me he mudado a Holanda del todo, porque ya me he despedido. Allí estoy y allí podéis venir a verme. ¿Hasta cuándo? No lo puedo anticipar.
Esta semana quedará señalada en el calendario y grabada en mi memoria durante mucho tiempo. Cada momento, cada encuentro, cada visita, me han acercado de nuevo a vosotros pero a la vez han iniciado el distanciamiento. Un distanciamiento que entiendo inevitable dado que no nos vamos a ver en mucho tiempo. Por mi parte, sin embargo, espero que sean solo 2.000Km de espacio físico lo que nos separe y que siempre podamos volver a entendernos. Por la vuestra, decidís vosotros.
Recordad, en cualquier caso, que para llegar hasta aquí hemos vivido muchas cosas juntos y eso siempre deja huella: un techo, un viaje, una clase, un trabajo, un café... todo eso nos ha unido. Eso os ha llevado a que estéis ahora leyendo estas líneas. Eso me ha llevado a mí a escribirlas.
Tal vez, también, estas líneas sigan manteniéndonos unidos de algún modo. Hasta pronto.
Sé que cuando me marché, hace casi 3 meses, fue todo muy brusco y algunos os enterasteis cuando ya no estaba aquí. Varias veces me habéis reprochado que os avisé cuando ya era tarde. Espero que sepáis entender que no tuve más opciones. A algunos os lo he podido explicar esta vez con más calma. De muchos, aún, no me he podido despedir en persona, pero no descarto que nos encontremos aquí o allá en cualquier momento. Sabed que, desde ya, os echo de menos.
Esta semana ha sido intensa y muchos encuentros han sabido a poco, pero al menos os he podido decir adiós. Esta semana ha sido una especie de punto y aparte. Desde ahora ya siento que me he mudado a Holanda del todo, porque ya me he despedido. Allí estoy y allí podéis venir a verme. ¿Hasta cuándo? No lo puedo anticipar.
Esta semana quedará señalada en el calendario y grabada en mi memoria durante mucho tiempo. Cada momento, cada encuentro, cada visita, me han acercado de nuevo a vosotros pero a la vez han iniciado el distanciamiento. Un distanciamiento que entiendo inevitable dado que no nos vamos a ver en mucho tiempo. Por mi parte, sin embargo, espero que sean solo 2.000Km de espacio físico lo que nos separe y que siempre podamos volver a entendernos. Por la vuestra, decidís vosotros.
Recordad, en cualquier caso, que para llegar hasta aquí hemos vivido muchas cosas juntos y eso siempre deja huella: un techo, un viaje, una clase, un trabajo, un café... todo eso nos ha unido. Eso os ha llevado a que estéis ahora leyendo estas líneas. Eso me ha llevado a mí a escribirlas.
Tal vez, también, estas líneas sigan manteniéndonos unidos de algún modo. Hasta pronto.
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