lunes, 10 de mayo de 2010

Eurovision

Sí, amigos, ya tenemos representante de "lepiba" en Eurovision.



Entre el "algo pequeñito" de espagne y esto, me quedo con esto. Hay que escoger el mal menor, y al menos Sieneke tiene un ritmo pegadizo (y el Shalalie este ya no me lo puedo quitar de la cabeza).

miércoles, 5 de mayo de 2010

Día de la memoria

Ayer, como todos los días 4 de mayo, a las 20:00h se celebró un acto en la plaza Dam para conmemorar a los caídos en la II Guerra Mundial. Esto fue lo que pasó:


...y yo estaba allí.

La cámara cenital desde la que se grabaron las imágenes de la estampida en el vídeo, se puede ver en la siguiente foto:


No me encontraba en todo el mogollón, ni escuché al "zumbao" que se puso a gritar durante los dos minutos de silencio vestido de judío ortodoxo, ni vi cómo evacuaban a la familia real, ni entendí nada. Pero sí que vi a la gente revuelta, muchos heridos sobre todo en las rodillas, lloros y caras de susto. Además fui testigo, precisamente, de cómo una manada de policías llevaban por un callejón muy estrecho, al detenido. Lo portaban en volandas, boca abajo, agarrado por sus 4 extremidades, siguiendo estos estrechos callejones, hasta una ancha avenida donde esperaba un furgón enrejado; como si cuatro personas agarraran un saco de patatas por sus cuatro esquinas, vaya. Fue todo bastante impactante.

A las 8:05h, de todas formas, ya se había reanudado el acto, con toda la parafernalia de bandas, ejércitos e invitados y todo siguió sin incidentes.

lunes, 3 de mayo de 2010

El sistema sanitario

Por muy sugerente que sea el título y aunque el tema pueda dar para largo, no va a tratar de váteres (retretes) la entrada de hoy, sino del sistema holandés de salud.

Porque el que suscribe estas líneas (para los de la LOGSE, yo), hace siete días se encontraba a 40°C cuando la temperatura ambiente era de 20°C. Efectivamente, tenía fiebre. La causa: infección de garganta (ahórrate los chistes).

Con lo cual, y a falta de algo mejor que hacer, decidí dejarme caer por el centro médico más cercano. Bueno, quizás no el más cercano, pero sí relativamente próximo. Y bueno, quizás centro médico es una exageración comparado con lo que un español, acostumbrado a los ambulatorios centros de salud de la seguridad social, entendería por esas palabras. "Y da gracias", habría que decir. Me propongo aquí explicar mis turbados pensamientos comparativos.

En los Países Bajos de Su Majestad, todo hijo de vecino tiene que tener seguro médico privado. Sí, se pagan impuestos y se paga seguridad social, pero tienes que tener seguro privado obligatoriamente. El mínimo viene a costar alrededor de 100€ al mes. Para que no ocurra como en EE.UU., sin embargo, tú eliges la compañía que quieres que te asegure y ese mínimo de cobertura no hay posibilidad alguna de que dicha compañía te lo deniegue. ¿Quién decide qué incluye ese mínimo? Creo que el gobierno. Y el precio (¿máximo?) de ese mínimo, también. Luego, por supuesto, cada compañía aseguradora ofrece paquetes que incluyen más o menos cosas y ahí te venden la moto entra a funcionar el (libre) juego de la oferta y la demanda; normalmente pagando más, el seguro cubre más. Hasta aquí todo razonable, desde mi punto de vista. Aunque no deja de ser comerciar con la salud.

Sin embargo, con el médico (sí, la persona física que posee estudios y pilota del tema de curarte) ya no te viene a ser lo mismo. En algún punto, todos los galenos en activo tienen que pertenecer a lo que yo he venido a entender como un equivalente al colegio de médicos en España. Cada médico monta su consulta y atiende donde le viene bien (como si fuese un dentista, oftalmólogo, otorrinolaringólogo... de los que pagas aparte en España). Para poder acudir a él, existe la restricción de que tiene que estar cerca de donde tú vives (alguien me ha hablado de "a un máximo de 10 minutos de tu casa"). Si eres ingenuo como yo, pensarás entonces que tendrás uno delante de tu puerta y que tomarás café con él en el bar de tu barrio. Si eres holandés sabrás que hay una falta vergonzosa de facultativos en tu país, que su media de edad no está cerca de la juventud y que su praxis deja bastante que desear. Pero no quiero adelantarme.

El caso es que tú, (buen) ciudadano de a pie, colaborador con el sistema, cuando encuentres un rato en tu (ocupada) vida (recuerda que los holandeses planifican cada pedo que se tiran segundo de su tiempo), debes buscar en las páginas amarillas por la letra h de huisarts (efectivamente, ¡el artista de la casa! (nah, es coña, que artista es kunstenaar)), la lista de médicos cercanos a tu morada (este procedimiento no es broma; es la recomendación que recibí en el Ayuntamiento y en el banco). Una vez compilada tu lista (tampoco te creas que vas a llenar un rollo de papel higiénico), te aclaras la voz, pones carita de pena y llamas para concertar cita con ellos para solicitar vasallaje que tengan la (misericordiosa) bondad de aceptarte como paciente. Da por hecho que no vas a hablar con él en persona, sino con su estresada secretaria. Y "malo será" que alguno no te quiera. Y si resulta que "malo es", pues te jodes tienes que buscar la vida (de nuevo, esto no es broma; conozco gente sin médico por haber sido rechazada). La razón para el rechazo puede variar, desde que "el plazo de inscripción está cerrado" hasta "es que nosotros ese código postal no lo trabajamos" (como si fuera un Telepizza, o una casa de citas, oiga).

Como decía, el procedimiento aplica cuando tienes tiempo y te dedicas al tema en profundidad. En mi caso, que no tenía planeado necesitar socorro próximamente, había dejado de lado esta faceta de mi vida y me encontraba con 40°C y sin médico asignado. En mis delirios estaba yo planteando la estrategia, incluso de acudir a la policía a denunciar denegación de auxilio en caso de que me rechazaran... pero eso debía ser de la fiebre (yo siempre positifo).

De todas formas, tener médico tampoco es la salvación suprema de tu alma. Conocía los relatos de nativos y extranjeros sobre que, en general, cuando llamas para solicitar consulta, te atiende su secretaria enfermera, te pregunta los síntomas y te diagnostica ella por teléfono y es ella misma la que decide en toda su grandeza si te pasas por consulta o te llega con que te administres N pastillas de paracetamol cada X horas; atendiendo a tu edad y lo generosa que esté la muchacha ese día.  Y punto en boca. ¡Y pobre de ti que necesites antibióticos!

Estas y otras lindezas me rondaban a mí por la cabeza (no pegué ojo en toda la noche así que había tenido tiempo y tiempo para madurarlas, cocinarlas y atormentarme profundamente con ellas). Eran las 7:45h de la mañana cuando me presenté directamente en la consulta del médico que encontró en internet mi compañero de casa (su médico está más cerca, pero de vacaciones por aquellos días), considerando que empezaban "la ronda" a las 08:00h.

Las dependencias las comparten 3 médicos de nombres y apellidos a cuál más fáciles de leer/pronunciar (y más mientras uno delira) y se reparten una construcción pequeña de una planta con un jardín de infancia (total, si los niños se intercambian los juguetes babados, podrán aceptar también los virus de todo el pueblo barrio). Tanto es así que la sala de espera cuenta con un nutrido set de entretenimiento infantil a base de cubos y material de construcción diverso, que supongo que, cuando se les va acabando el stock, se lo pedirán prestado mutuamente ambos negocios. Pero a lo que iba, que estaba yo allí con cara de muerto, mientras a la mujer no le entraba en la cabeza que alguien hubiera ido allí en pleno siglo XXI sin cita previa, sin médico y sin dignidad a que lo viera un médico. No te creas que se quedó con las ganas de explicarme que debería haber llamado antes de ir, dado que toda la gente que estaba en la sala de espera tenía su turno y que de toda la vida había que respetar esa condición. Así se lo había aprendido ella y así lo iba a aplicar. Todo eso, teniendo en cuenta que la puerta para llamar a los pacientes no paraba de abrirse y cerrarse constantemente, para hacer entrar y salir a los "pacientes" de unas consultas que debían durar 3 minutos y que dichos clientes parecían estar más sanos que los bebés de la puerta de enfrente.

Cuando por fin pudo hacerme un poco de caso (a eso de las 08:00h), la enfermera me pidió que aguardara sentado mientras indagaba si alguno de los 3 médicos de la praktijk podría acogerme en su seno. Así hasta que al cabo de una hora me instó a que pasara a su oficina, me preguntó mi código postal y me pidió que le describiera mis síntomas. Meditó. Hizo una mueca con la boca y pareció pensar algo. Volvió a explicarme que había que pedir cita telefónica y que el sistema holandés de salud exige que, cuando uno está bien, busque médico, etc. etc. etc. para, finalmente, inquirir a bocajarro cuánto tiempo llevo en el país. Quédate con el detalle: ni nombre, ni edad, ni qué tal me encontraba...

Luego se le cayó un papel de notas con publicidad de una panadería que yo le recogí del suelo, me apuntó la hora 15:20h en él y me lo entregó junto con un formulario de inscripción para el doctor A (no voy a desvelar su nombre para no comprometerlo, encima de que me hizo "el favor"). ¡Tenía cita!
—Gracias maja— y me piré a comprar sopitas en el súper para tener algo que comer.

A las 15:15h me presenté, rendido, en la sala de espera con el papeleo cubierto y la tarjeta del seguro. La mujer me indicó amablemente que aguardara en la sala de espera mientras pasaba los datos al ordenador y al poco me llamó el médico por mi segundo apellido. ¿¡Qué narices le pasa a esta gente que no saben usar los nombres de pila!? No le di mucha importancia al formalismo, pero sí se lo di al hecho de que el hombre, de unos 50 años, me tendiera la mano amablemente como si estuviéramos en una reunión de negocios. ¡Sabe Dios lo que tendrá acumulado al cabo del día si a todo enfermo que pasa por allí le da la mano con esa alegría! No pude retirarle la mía así que allí sellamos nuestro vínculo médico-paciente, supongo. Debe de ser su método para infundir confianza...

Luego, sin guantes ni nada y por las bravas, me auscultó, me toqueteó el cuello y me miró la garganta introduciéndome por la boca un palo plano para sujetarme la lengua hasta el estómago. Para comprobar la fiebre, en último lugar, un termómetro por el oído que le marcó 39°C. El diagnóstico: "tienes la garganta roja y ciertas densidades en los laterales del cuello". El tratamiento: "una pastilla al día durante 3 días, de un antibiótico suave" y, para la fiebre, paracetamol.
—¿Cuánto?
—Al gusto.
Y por si en dos días no me bajaba la fiebre, me llevé en el pack un volante para ir al laboratorio a que me hicieran análisis/cultivos/algo.
—¿Y qué más?
—Te pasas por la apotheek (farmacia) a que te den el antibiótico.
Roger, roger.

La apoteca es como la carnicería: entras, pillas número y te sientas a esperar. Allí, como era la primera vez que iba, me pidieron también la tarjeta del seguro y me inscribieron. Luego previa presentación del papelote tamaño A6 mal hecho con letra ilegible de la receta que me había dado mi médico, me dispensaron los antibióticos, 5 folios personalizados con mi nombre detallando las instrucciones en perfecto holandés sobre esos antibióticos (no te confundas, que el prospecto va dentro de la caja igualmente), 3 pegatinas con mi nombre (de las que 2 fueron a la receta y otra la pegó en la caja del antibiótico), más el paracetamol genérico que le pedí yo por mi cuenta y riesgo. Total: pagué 1€ y pico por las 30 pastillas de paracetamol y asumo que el resto lo pagará el seguro. Y ni siquiera tengo eso muy claro porque mi nombre y primer apellido están mal escritos... (¿tan difícil será leer la tarjeta impresa con letra sin serifa del seguro?)

Pero en fin, que fue una odisea. Que no conozco nada del sistema y todo me parece exorbitantemente extraño, farragoso y mercantilista. Afortunadamente todo salió "bien": la fiebre me bajó drásticamente esa misma noche, no necesité ir al laboratorio y al tercer día resucité ya pude ir a trabajar aunque hablando poquito y sin forzar.

Solo añadiré que, viviendo en el país que ocupa el sexto lugar del mundo en cuanto a Índice de Desarrollo Humano (según datos de 2006 publicados en 2008), jamás podría llegar a pensar que me vería tan desamparado. Porque, si a estas alturas te estás planteando que debería haber acudido a urgencias... ¡mejor no te explico lo que me han contado!

viernes, 30 de abril de 2010

30 de abril: Koninginnedag

Resulta que el día 30 de abril es festivo en este país para celebrar el cumpleaños de la reina. Que tampoco es que sea cierto del todo, puesto que el cumpleaños de la reina actual, Beatriz, no es este día. Sin embargo, como el suyo coincide en invierno, decidió mantener el de su madre Juliana. Y para no liarla, en vez de "el día del cumpleaños de la reina" lo renombó a "el día de la reina", que aquí llaman Koninginedag.

El caso es que es la única fiesta que de verdad celebran en los Países Bajos. Todo se tiñe de naranja, la gente se echa a la calle a hacer el ganso y, además, aprovechan para poner puestecillos donde venden los trastos viejos que sacan de las buhardillas. Es el único día al año en que esa actividad está permitida.

Yo este año me he unido a la fiesta yendo a Ámsterdam y recorriendo sus calles. A continuación el testimonio gráfico.

Según salí de casa vi una exhibición de patriotismo, al encontrar una bandera en la fachada de una vivienda. A continuación vi otra.
El día amaneció lluvioso así que, aunque en Damrak (la calle principal según sales de la estación Central) y en la plaza Dam, había gente, lo que nos encontramos no es nada comparado con lo que nos encontraríamos al final del día. Además iba todo el mundo tapado e impermeabilizado... poca fiesta, vaya.
El evento es tan importante, que los comercios convencionales están cerrados, incluyendo iconos de esta ciudad como el museo del sexo (en la foto se ve que la persiana está bajada). Quedan en servicio la cantidad de puestos ambulantes que permiten a los viandantes comprar el atrezzo naranja necesario para mimetizarse con el entorno, los que venden comida, bebida y tabaco, además de los que cada uno puede montar para vender sus trastos viejos.
¡Hasta churros se pueden comprar!
En los canales empezábamos a encontrar ya algún barco de fiesta. La descripción estándar incluiría disfrazar el barco con algo naranja, ponerle un equipo de audio alimentado con un generador y cargarlo de gente disfrazada de naranja dispuesta a emborracharse y bailar alegremente saludando a los peatones que los jaleen.
Por motivos que no alcanzo a comprender, los "marineros" se lanzaban a los zuecos que les pasaban los "pescadores" con sus cañas desde los puentes, y les echaban dinero.
A media mañana empezó a despejar el día y en Leidseplein ya se había apelotonado la gente para escuchar la música de las diferentes fiestas que había allí al aire libre. Además, los pubs de la zona habían montado sus chiringuitos y daban comida hecha a la parrilla/plancha y bebidas. Daban vasos de plástico rígido que, si se los devolvías, te abonaban un euro y así pagabas el precio de los carteles.
Todo el mundo llevaba, de una manera u otra, un cargamento importante de cerveza: bolsas llenas de latas, botellines, litronas, packs de 6 latas... y precisamente era lo que vendían estos chavales desde su ventana del primer piso.
En Vondelpark se junta también mucha gente para llevar a cabo diversas actividades, muchas de ellas destinadas a vaciar los bolsillos de los transeúntes: tocar instrumentos, "cantar", dar un espectáculo, vender "artesanía"... ¡aquí no hay vergüenza, oiga! Pero también es un parque estupendo para ir y pasar la tarde al sol. De hecho, allí estuvimos un par de horas sentados, conociendo gente nueva... una gran experiencia.
De vuelta a Leidseplein, ya por la tarde, nos la encontramos abarrotada. Y hasta los bomberos llevaban una cresta naranja y bailaban en sus camiones.
Por Keizersgracht, el canal estaba saturado de barcos y más barcos.
Yo intenté poner orden, pero no pude hacer nada ;-).
Llegando a Waterlooplein, las aguas quedaban más tranquilas...
...pero las calles estaban llenas de gente que se agolpaba en torno a los altavoces de los DJ's que había en pequeños "altares" a las puertas de los bares. Había diferentes tipos de música y en uno de ellos oímos "Eres tú", de Mocedades.
Como curiosidades, destacar que todavía estamos en época de tulipanes, y como muestra este macetero lleno de diferentes colores y variedades.
La posibilidad de hacer puenting desde una grúa, evidentemente, porque los puentes de esta ciudad no dan para más que remojarse los pies.
Finalmente fuimos a una fiesta techno en un parque de nombre impronunciable cerca del zoo, pero estaba a reventar y nos fuimos de allí en seguida. Pero de camino nos encontramos a la policía actuando en el canal. Ni idea de lo que pasó, pero nos resultó curioso.
Para terminar la entrada, incluiré esta perla d eun chaval que llevaba un pie puesto en el escalón trasero de la ambulancia (parece que iba buscando sus servicios), de forma que cuando esta avanzaba, tiraba de él. El mayor problema que yo vi, dejando a un lado la cogorza del mozo, es que los raíles del tranvía iban demasiado cerca de sus ruedas y que él iba mirando para todas partes menos para delante.

Afortunadamente, todo el tráfico rodado, incluyendo tranvías, estaba cortado y las calles las tomaron los viandantes.

sábado, 24 de abril de 2010

Semana a la española

Si la última entrada contaba la cena del jueves en el restaurante italiano, esta semana ha tocado hacer las cosas a la española.

Hemos tenido la visita de un compañero español y, por supuesto, él y yo nos organizamos como solo nosotros sabemos. A saber: todos los días, después del trabajo, nos fuimos a tomar algo (pagaba él, que era el desplazado). Siempre decidíamos lo que hacer sobre una media hora antes de hacerlo (no como aquí, que hay que publicar un bando 2 meses antes) y siempre acabábamos echándonos unas risas. Cada día se nos unió algún compañero diferente.

De nuevo, el día grande fue el jueves, que fuimos a cenar a un restaurante español, atendido por españoles y que sirve comida española, a precios nada holandeses. Como todo, lo organizamos sobre la marcha el mismo jueves al mediodía y solo se nos unieron 4 compañeros de nuestro grupo. Como muestra del éxito de la convocatoria diré que fue la primera vez que en un restaurante aquí, a la gente le cuesta terminarse su plato debido a la cantidad (la calidad buena también, aunque ya se sabe que "a mellor tortilla é... a da miña nai").

viernes, 16 de abril de 2010

Cena a la italiana

He recibido críticas y más críticas últimamente por no haber escrito en mucho tiempo... La verdad es que poco nuevo hay que contar. O quizás es que me esté acostumbrando ya a todo lo que ocurre por aquí y ya no me sorprenden las cosas igual que al principio (¡qué miedo!).

En fin, esta noche he ido de cena con mis compañeros de curro italianos además de otro italiano más que vino de Italia a pasar aquí esta semana. Por cierto, el pobre hombre tendría que volar hoy de vuelta a Milán pero, dado el panorama con el volcán Eyjafjallajokull (que no jode solo físicamente, sino también si intentas hablar de él), me temo que se va a tener que pillar una bici prestada.

Pero eso, que ayer fuimos a cenar los 4 italianos y yo a un restaurante italiano, atendido por italianos y con cocina italiana hecha por italianos de verdad. Lo que comimos :
  • antipasti di mare caldo (revuelto de pescados y algún tipo de pasta)
  • parmigiana (berenjena, queso, tomate, huevo...)
  • cruscieta (pan tostado con tomate, queso de oveja, orégano...)
  • spaguetti vongole
  • lasagna
  • linguina a la gallinella (aunque no quedaba gallinella y lo cambiaron por rombo)
Aquello era todo en plan familiar, todos comiendo del plato de todos. Aparentemente es como hay que hacerlo y yo soy un mandao. Además que así probé de todo. Y todo bueno, dicho sea de paso.

El restaurante tenía un nombre muy italiano, pero no lo recuerdo. Tampoco es relevante. Pero sí lo es que los dueños son amigos de uno de mis compañeros, así que nos trataron a cuerpo de rey. El pescado era fresco (el hombre va todas las mañanas al mercado a por él). Fue una noche muy divertida, de risas internacionales y anécdotas que solo los italianos, con su cantinela característica, pueden contar.

De todas formas, puede que algo haya fallado en la recopilación, y me hago cargo. Porque la "noche" empezó a las 19:30h, en la que yo colaboré con un renqueante dialecto del italiano aderezado con palabras en gallego aquí y allí (lo entienden mejor que el castellano, aparentemente). Y después de un par de birras (eso sí que es hablar italiano del bueno), un par de copas de vino blanco (o puede que alguna más) y otro par de chupitos de limoncello (nos plantaron la botella en la mesa para ir "a voluntad"), mi italiano resultó de lo más fluido, genuino y casi nativo. O al menos yo lo entendía todo y ellos a mí también, que era lo importante. 

La dolorosa nos cortó un poco el cachondeo, pero... ¡un día es un día! Luego, un paseíto hasta casa (es lo bueno de que no llueva estos días) y hoy, feliz como una perdiz, a trabajar de nuevo. Hasta ahora, que acabo la jornada y empiezo el fin de semana.

PD: si se te atraganta la cantidad de veces que he escrito la palabra "italiano" en este texto, lo lamento, pero no he encontrado sinónimos.

viernes, 2 de abril de 2010

La primavera

La primavera ya ha llegado y se cumple el tópico de estas fechas: las flores.

En todo jardín, por mal cuidado que esté, están saliendo flores que nadie ha plantado (imagino que tulipanes, aunque aún son solo unos brotes).

Además el tiempo se ha vuelto loco: llueve, hace sol, graniza, sopla el viento y viene calma chicha, varias veces el mismo día.

Por lo demás, los holandeses siguen escondidos en sus madrigueras de forma que, pese a que los días ya han crecido mucho (y con el cambio de hora, anochece a las 19:00h), las calles siguen quedando desiertas a partir de las 17:30h. Y otro dato significativo a este respecto: cuando voy al súper, a eso de las 19:00h, con una sola caja abierta no tengo que esperar cola. ¿Dónde cotillean aquí las marujas?